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Caro Ferrer, la pequeña gran colombiana

Caro Ferrer Gobik

 

 

Embajadores de marca o influencers hay muchos, pululan, están por doquier. Eso dicen. Caro Ferrer lo es, pero de verdad, no es farol, números en mano, reacciones en las redes, la gente la quiere, la sigue.

 

¿La clave?

 

La espontaneidad, ser así, como es. Metro cincuenta y ocho, poco más de cincuenta kilos, una pequeña gran ciclista que arrastra gente y deja surco en los corazones: “Éste ha sido un proceso de varios años. Nunca tuve pretensiones con las redes sociales y mucho menos esperaba tener en el ciclismo y el mundo de las redes una posibilidad de trabajo”.

 

No es sencillo, ni casual: “Las redes, para mí, son como una plantica, si la riegas, crece. Si la dejas, muere...”. Sencillo, sí, sobre el papel, pero hay que cuidarlas con cariño y “la comunidad va creciendo sin uno darse cuenta”.

 

Aunque no es sólo cuestión de números, no es cantidad, es calidad: “Hacer sentir especial a cada uno de mis seguidores o por lo menos los que más interactúan. Trato de responder todos los comentarios, de generar contenido que sea atractivo, que conozcan un poquito sobre mí, pero marcando líneas sobre la vida privada”.

 

“Gestionar unas redes que se cultivan dentro del respeto y la decencia no es difícil, no he recibido comentarios ofensivos o salidos de tono afortunadamente” completa.

 

De entre esos comentarios algunos insuflan motivación, otros, inspiración. “Me llena de felicidad saber que con unas palabras uno puede lograr motivar a alguien en algún lugar del mundo y que esa persona se sienta identificada con lo que uno quiere transmitir”.

 

Los seguidores, “mi segunda familia” dice.

 

 Caro Ferrer Gobik

 

 

¿Quién es Caro Ferrer?

 

Se la conoce como Caro, pero es Carolina, un sustantivo que puede significar muchas cosas, desde poner nombre a mil pueblos, puede ser un dulce o la denominación de un árbol.

 

“Creo que ninguna descripción hace justicia a las personas... -prosigue Caro-, sin embargo, si me pedís una: soy una niña llena de pasiones, que ama con toda su alma lo que hace, entregada a cada proyecto, entregada a vivir la vida de una manera diferente, a transmitir el amor por cada cosa. Soy la misma en todos los ámbitos en los que me conozcan, trato de transmitir 100% mi esencia”.

 

Una esencia que va en bicicleta: “La bici me enamoró no solo por ella, y sí por las personas que conocí alrededor del ciclismo. Este deporte es hermoso si es compartido. Eso me enamoró y continué cultivándolo”.

 

La bicicleta todo el día, todo gira por y para ella: la vida, las redes, los negocios, la tienda. Una pasión que, como las redes, cultiva a diario, al menos cuatro horas cada mañana, de las que entrena dos o tres y el resto las dedica a la gente con quien sale.

 

 

 La seducción de la bicicleta

 

Hubo un punto de inflexión en esta historia, un año, el 2015: “La bicicleta me atrapó definitivamente. Este año fue crucial, terminaba mi carrera universitaria como fisioterapeuta, estaba en el último semestre y mis prácticas eran en la tarde, por lo tanto, las mañanas las tenía completamente libres. Ya tenía bici en ese entonces; la tenía desde 2010, pero nunca había montado ni entrenado. No me interesaba ni mucho menos lo que ahora”.

 

Pero la cosa fue a más, probó, le gustó y fue haciendo camino: “Empecé a salir, a conocer gente, a montar “foticos” que no superaban los 10 likes en un Instagram de menos de 300 seguidores. Fue así como inicié paso a paso a construir lo que ahora lo puedo llamar mi proyecto de vida. Creo que la principal ventaja para lo que hago hoy es que fui pionera en Colombia entre las influencers de ciclismo y siento que pude ayudar un poco en abrir camino para que hoy en día muchas niñas colombianas puedan ser embajadoras de marcas”. 

 

Y desde entonces ha evolucionado “un mundo entero. Este deporte es de años y de paciencia. La principal evolución ha sido contra la tolerancia a la frustración, conocerme, ver hasta dónde puedo llegar y sentir que poco a poco se mejora si se es constante y disciplinado. Toda mi vida fui deportista, de gimnasta a atleta de velocidad, y pasé de deportes de mucha potencia, de esfuerzos cortos, de ser "muy buena" siendo una niña, a un deporte donde, si no tienes paciencia y no reconoces tus debilidades y las aceptas, te frustras y no continúas”.

 

En definitiva que “el ciclismo es como un momento de desconexión con el mundo o de demasiada conexión con uno mismo”. Paradójico, pero cierto.

 

Para Caro la bicicleta “lo es todo. Es pasión, es amistad, es compañerismo, es sufrimiento, pero del bueno, del que te deja satisfecho. La es esfuerzo, es disciplina, forja carácter. La bicicleta nos permite darnos cuenta que la mente puede con todo. Es un estilo de vida, es mi trabajo, es todo”.

 

 

Caro Ferrer Gobik

 

 

El ciclismo en Colombia

 

Pero la historia de Caro no viene sola. Ella es colombiana y su boom  viene enmarcado en un instante de éxito para el ciclismo colombiano, una fecunda factoría de ciclistas y estrellas.

 

Esa buena salud del profesionalismo se nota “y de qué manera. Estamos en momento donde todo el mundo monta en bici, se ven cientos de ciclistas en las calles un fin de semana, la cultura de respeto al ciclista mejora con el paso del tiempo. El trabajo que han hecho los ciclistas colombianos en los equipos ProTour ha sido importantísimo para el reconocimiento de nuestro país como una potencia ciclística. Aquí hay muchísimo talento. La bici se ha convertido, quizás, en una moda para muchos, pero cada vez son más los que realmente se apasionan con el deporte y lo mantienen en el transcurso de los años”.

 

De los grandes colombianos se queda con la historia de Víctor Hugo Peña, quien fuera excelso rodador allá por los inicios de milenio: “Tengo la fortuna de conocerlo y saber que aparte de ser y haber sido un gran ciclista, que marcó la historia -fue por años el único colombiano que había portado el maillot amarillo en un Tour de Francia-, es una persona increíble, un ser humano valiosísimo, y eso vale más que cualquier triunfo que pueda haber tenido. Del presente me quedo con Egan Bernal, veo en ese chico un talento inigualable. Lo veremos ganando grandes vueltas dentro de poco tiempo”.

 

El presente de Caro pasa también por Gobik. “Los conozco por los distribuidores en Colombia -concreta-. Posteriormente en un viaje a España tuve la posibilidad de conocer personas que usaban la marca y me la recomendaron muchísimo”. 

 

Si le pedimos impresión, es sencillamente directa: “Es el mejor producto que he usado. Lo más importante para uno como ciclista es pasar horas y horas en bici y sentirse cómodo. Los culottes de Gobik -el Absolute en especial- es increíble: cómodo, de telas suaves y transpirables, no da calor en ningún momento”.

 

“La verdad es que la marca me ha cautivado con su tecnología -prosigue-. Sus diseños son sobrios y elegantes. Conocí parte del equipo de trabajo en Eurobike: los amo. Son familiares, especiales, serviciales y eso es muy importante a la hora de trabajar en conjunto. Aparte de todo esto, me parece que Gobik tiene una gran ventaja y es la relación calidad-precio”.

 

 

Caro Ferrer Gobik 

 

 

La colección con Gobik

 

“Ahora mismo estamos trabajando dos proyectos con Gobik. Por un lado, soy su embajadora: me apasiona mostrarle al público cosas tan lindas y buenas, y por otro, está el trabajo con mi marca "Caro Ferrer", con la que quisiera llegar muy lejos de la mano de Gobik” describe Caro.

 

“Queremos estar en varios países, incluyendo España, claro está. Busco que mi marca se vea muy elegante, sobria, que enamore a muchas personas que se sientan identificadas por sus diseños sencillos pero bonitos. Será una línea dirigida a personas que buscan un producto de muy buena calidad y que se preocupen por verse bien sobre la bici. Nos encanta el tema de la referencia unisex, pues de esta manera, podemos llegar a inspirar a parejas que estén entrenando juntas y quieran usar las mismas equipaciones” concluye Caro, cuyo tono suena convencido y su risa se oye desde el otro lado del Atlántico. 

 

 

Instagram Caro Ferrer

Textos: Iban Vega