Acostumbrada a rodar en Indonesia, Natasha Capirossi se encontró en los Alpes con un escenario completamente distinto: largas ascensiones, cambios constantes de clima y una cultura ciclista muy diferente a la de su país. Una experiencia que le permitió conocer Europa desde una perspectiva única: la de la bicicleta.
Natasha trabaja en la industria gastronómica como responsable de cocina y consultora de alimentación. El ciclismo llegó a su vida durante la pandemia y, desde entonces, se ha convertido en algo mucho más profundo que un hobby: “es mi refugio y mi fuente de felicidad”.
De Bandung a los Alpes: el origen del reto
El punto de partida de esta aventura fue inesperado. A través de Instagram descubrió el evento Monaco di Baviera Lite de Ultracycling Challenges, una prueba que comenzaba y terminaba en Múnich, ciudad donde vive parte de su familia. Sin pensarlo demasiado, decidió inscribirse.
El recorrido atravesaba Alemania, Italia, Suiza y Austria, enlazando algunos de los puertos más emblemáticos de Europa. Para alguien que vive en un país donde el ciclismo de larga distancia aún está en desarrollo, el salto era enorme. “¿No es el sueño de todos? Siempre había soñado con ver los Alpes desde la bicicleta”.
El primer impacto con los Alpes
El primer contacto con las montañas alpinas fue exactamente como lo imaginaba… y aún mejor.
“WOW. No podía creer lo que estaba viendo. Ya conocía estas carreteras en coche, pero vivirlas encima de la bici es completamente diferente”.
Durante los días de ruta, Natasha vivió momentos en los que tenía que detenerse simplemente para asimilar lo que estaba ocurriendo. A veces, incluso se obligaba a seguir pedaleando para no romper su planificación. Pero la emoción era inevitable: “Llegué a llorar de felicidad en varias ocasiones. Sentía que estaba viviendo el mejor momento de mi vida”.
Puertos, frío y paisajes irreales
Entre los muchos momentos de la travesía, uno de los más memorables fue el ascenso a Passo delle Erbe al final del día. Exhausta, tuvo que empujar la bicicleta para guardar fuerzas, mientras a lo lejos aparecía la silueta de Passo Giau, un lugar que ya había visitado el año anterior.
“Ver Passo Giau desde otra perspectiva, al atardecer, fue increíble”.
El contraste entre rodar en Indonesia y hacerlo en Europa fue otro de los grandes aprendizajes del viaje: clima, tráfico, paisajes y cultura ciclista cambian por completo la experiencia.
“Es prácticamente todo diferente”.
La cultura ciclista en Europa
Uno de los aspectos que más le sorprendió fue la naturalidad con la que se vive el bikepacking en Europa.
“Es algo común, seguro y accesible para todo el mundo: hombres, mujeres, jóvenes y mayores. En Indonesia todavía se percibe como algo extraño o incluso inseguro”.
Durante el recorrido también descubrió una comunidad ciclista muy abierta y cercana. “Todo el mundo era amable. Saludé y sonreí cientos de veces en el camino”.
Momentos difíciles y aprendizajes
El mayor reto del viaje fue el frío. Acostumbrada a un clima cálido durante todo el año, las condiciones alpinas pusieron a prueba su resistencia física y mental. Pero el balance final es claro: la recompensa fue enorme. “Descubrí que mi cuerpo y mi mente pueden mucho más de lo que imaginaba”. Además, completó la prueba con un sentimiento especial: el orgullo de haber sido la primera ciclista indonesia en finalizar el desafío.
Encuentros que marcan el camino
Más allá del recorrido, la experiencia estuvo marcada por las personas. Entre ellas, Jeffry, su compañero de McDonald’s en el primer día, que aunque no pudo terminar la prueba, la esperó en la línea de meta. También Sonja, madre de dos hijos en Alemania, con quien compartió varios momentos en las subidas más duras, empujando la bicicleta hacia el Grossglockner. Y Nacho, fotógrafo del evento, que capturó algunos de los instantes más exigentes del recorrido.
“En el ciclismo, los encuentros son muy naturales. Compartes esfuerzo, y eso rompe cualquier barrera cultural”.
Gobik en los Alpes
Durante la aventura, la elección del equipamiento fue clave para afrontar las condiciones cambiantes de montaña. Natasha destaca especialmente la combinación de la base layer de merino con la chaqueta Envy 2.0 para las primeras horas frías, el maillot CX Pro en los momentos más cálidos, y accesorios como cubrezapatillas térmicos y la chaqueta Bora 2.0 Polartec para los días de lluvia.

“En rutas así, la versatilidad lo es todo. La ropa no es solo comodidad, es seguridad”.
Una experiencia que cambia la perspectiva
Si tuviera que describir los Alpes a alguien de su ciudad natal, Natasha lo tiene claro:
“Son montañas majestuosas, como en las películas. Pero vivirlas en bicicleta te hace sentir pequeño… y al mismo tiempo muy vivo. Es emocionante y aterrador a la vez”.
Su consejo para quienes sueñan con su primer viaje de bikepacking es directo:
“No lo pienses demasiado. Prepárate bien, pero atrévete a hacerlo. El primer viaje siempre es el más difícil… el resto llegan solos”.
Y aunque aún no tiene definido su próximo destino, ya hay una idea en el horizonte: el recorrido circular de Taiwán.