Barcelona – Baqueira: 292 km de aventura, compañerismo y superación

Barcelona – Baqueira: 292 km de aventura, compañerismo y superación

Hay retos que nacen como una idea aparentemente descabellada y acaban convirtiéndose en una experiencia que lo cambia todo. El ride de Barcelona a Baqueira junto a Velodrom fue uno de esos desafíos que ponen a prueba cuerpo, mente, equipo… y material. Un reto que resume a la perfección lo que significa el ciclismo cuando se vive de verdad.

Desde que se fundó Velodrom, su objetivo ha sido claro: inspirar a las personas a montar en bici. A lo largo del tiempo, esa idea se ha materializado en retos que, aunque puedan parecer “locos”, son perfectamente alcanzables cuando un grupo trabaja unido y pedalea en la misma dirección.

Esta aventura no fue una excepción. Y, además, tenía un propósito añadido: llevar al límite la ropa de GOBIK en condiciones reales y exigentes, sin filtros ni atajos.

Un reto de verdad: cifras que imponen respeto

El recorrido hablaba por sí solo: 292 kilómetros y más de 5.000 metros de desnivel positivo, en una sola jornada. Un trazado largo, duro y cambiante, donde la planificación era clave, pero donde la capacidad de adaptación acabaría siendo decisiva.

El día empieza incluso antes de pedalear

Uno de los momentos más tensos llegó incluso antes de subirse a la bici. Todos los ojos estaban puestos en la previsión meteorológica. La incertidumbre sobre el tiempo acompañó al grupo desde primera hora… y no tardó en confirmarse.
Durante los primeros kilómetros, el asfalto amanecía mojado y pronto dio paso a varias horas de lluvia, aproximadamente entre tres y cuatro horas. A pesar de ello, el grupo se mantuvo firme y concentrado. Tras ese inicio complicado, el clima se suavizó y las temperaturas acompañaron durante buena parte del día… hasta el desenlace final.

El Port de la Bonaigua: donde todo se decide

Sobre el asfalto, el momento más duro fue, sin discusión, la última subida al Port de la Bonaigua. Tras más de 250 km acumulados, el cansancio era total. Además, el día empezaba a caer, las temperaturas descendieron bruscamente y apareció la nieve. El termómetro rozó los 0 grados, y el puerto se mostró largo, exigente y demoledor tanto física como mentalmente.

Un grupo que no deja a nadie atrás

Si algo definió esta aventura fue la dinámica del grupo. La empatía, el respeto por los ritmos individuales y el trabajo en equipo marcaron cada kilómetro. Nadie se quedó atrás por falta de apoyo. Llegar juntos era el objetivo, aunque la dureza final hiciera que los últimos kilómetros se completaran de forma escalonada.
Ese espíritu dice mucho de lo que es Velodrom: les gusta vestir bien, les gustan las buenas bicis, pero por encima de todo son ciclistas. Apasionados.

Vivir la aventura desde fuera de la bici

Para el equipo de GOBIK, la experiencia no fue menos exigente. El día comenzó a las 6 de la mañana saliendo de Barcelona en furgoneta, con más de 12 horas de seguimiento durante la ruta y otras 4 horas de vuelta por la noche. Un esfuerzo silencioso pero imprescindible: animar, asistir, anticiparse a problemas y estar disponibles en todo momento.

La logística estaba medida al detalle. Se planificaron paradas cada aproximadamente 3 horas, donde los ciclistas podían cambiarse de ropa, comer y reorganizarse. Cada participante llevaba su propia comida —pasta, arroz, patatas, fruta— además de barritas energéticas aportadas por Velodrom.

Capas, merino y protección real contra el frío y la lluvia

Las condiciones hicieron imprescindible una correcta gestión de prendas. Durante la aventura, los ciclistas llevaron:

Muchas de las prendas incorporaban tejido Polartec, buscando el máximo confort en situaciones extremas. Pero si hubo una combinación decisiva fueron los botines Velotoze junto con las punteras, especialmente durante las largas horas de lluvia, cuando el agua del asfalto empapaba las zapatillas sin descanso.

Una llegada que no se olvida

La llegada al alto de la Bonaigua fue emocional. Aunque el plan inicial era llegar juntos, la realidad impuso otro ritmo. Los ciclistas fueron llegando uno a uno, exhaustos, y el equipo de apoyo los recibió con los brazos abiertos. Sin discursos, sin artificios. Solo emoción, abrazos y la sensación de haber superado algo grande.
Después, la bajada hacia Baqueira se hizo de forma escalonada. Algunos participantes se quedaron allí para iniciar sus vacaciones en familia; otros se cambiaron de ropa, cargaron las bicis y regresaron a Barcelona. Eso sí, antes hubo tiempo para encargar unas buenas pizzas en la bajada del puerto y reponer fuerzas.

Mucho más que kilómetros

Más allá de los números, esta aventura deja algo más profundo: la superación personal. Cada ciclista llevaba su propia historia interior, su propio reto mental. Y, como grupo, la experiencia reforzó los lazos, la amistad y el sentimiento de pertenencia.

Este tipo de retos no terminan cuando se apaga el GPS. Se quedan dentro. Y son los que hacen que, al final, siempre haya ganas de volver a ponerse un dorsal invisible y salir a buscar la siguiente aventura. De momento te dejamos un resumen de lo vivido. Ver video.

 

Regresar al blog