El equipo de diseño es uno de los motores de Gobik y también uno de los que más ha crecido en los últimos años. Iván Ibáñez es uno de los diseñadores que forma parte de ese proceso: convertir ideas en prendas que funcionan en su terreno.
El detalle como punto de partida
Siempre he sido más de observar que de hablar. Me fijo en los detalles casi sin darme cuenta: cómo encajan las cosas, cómo se construyen, cómo algo funciona sin necesidad de explicarlo. Estudié diseño gráfico en Valencia y allí el diseño dejó de ser algo que simplemente me gustaba para convertirse en una forma de entender lo que me rodea. Me gusta el deporte, pero también esos momentos de calma en los que puedes ordenar ideas y volver con otra perspectiva.
Dar forma a lo invisible
En Gobik formo parte del equipo de diseño. Nuestro trabajo empieza donde todo aún es una idea: diseñamos los gráficos de las prendas, desarrollamos el patronaje y ajustamos colores y acabados hasta que todo encaja.
Pero no se trata solo de estética. Una prenda tiene que funcionar cuando sale a la carretera. Ahí es donde el diseño deja de ser visual y pasa a ser real.

Inspiración fuera del radar
La inspiración casi nunca aparece donde la estás buscando. Muchas veces viene de lugares que no tienen nada que ver con el ciclismo: arquitectura, moda, una fotografía, una combinación de colores. El reto está en traducir todo eso a una prenda que funcione sobre la bici.
El proceso empieza con una idea muy abierta y va tomando forma poco a poco: pruebas, cambios, idas y vueltas. Pasa por muchas manos dentro del equipo hasta que todo se alinea. Cuando ves la prenda en carretera, ya ha pasado por un proceso largo de ajustes invisibles. Son esos los que realmente marcan la diferencia.
Gran parte de mi inspiración viene de fuera: la moda, el diseño gráfico, la cartelería. Todo lo que construye lenguaje visual desde la simplicidad. Al final, todo suma, aunque no tenga relación directa con la bici, sólo hay que estar dispuesto a ver mas allá.

Cuando una idea evoluciona
Disfruto especialmente los proyectos que empiezan con algo muy básico y acaban convirtiéndose en algo mucho más grande. Ese recorrido —de lo simple a lo completo— es lo que más me interesa. Sobre todo, cuando el resultado final se entiende y se valora.
Me atraen las cosas simples, pero bien hechas: colores limpios, detalles sutiles, soluciones que no necesitan llamar la atención para funcionar.
Entender Gobik desde dentro
Gobik siempre ha estado cerca. Crecer en Yecla significa convivir con la marca, aunque no fuera algo que tuviese marcado como objetivo. Entrar fue, en parte, casualidad. Pero una vez dentro entiendes el porqué: todo tiene una intención. No es solo estética ni solo técnica. Es un equilibrio entre ambas, donde ninguna parte pesa más que la otra.
Preguntas rápidas
¿Qué prenda de Gobik serías?
Un CX, porque parece sencillo, pero tiene más detrás de lo que parece.
¿Dónde encuentras inspiración cuando no estás trabajando?
En cualquier sitio, pero normalmente cuando no la estoy buscando.
¿Qué música suena en tu estudio o en tus cascos?
Un poco de todo, la verdad. No tengo un estilo fijo, voy bastante por rachas y por lo que me apetezca ese día.
¿Series o películas?
Películas, sin duda. Me gusta cerrar historias.
¿Vino o cerveza?
Cerveza, siempre.
¿Tour, Giro o Vuelta?
Vuelta.