Diario de la Vuelta a Burgos: El primer día en las carreras

El ciclismo en vivo y directo vuelve a rodar por Europa. Tras semanas esperando y mirando sobre ella, la Vuelta Burgos pone a prueba la resilencia del ciclismo de competición ante la omnipresente amenaza del coronavirus.

Si en lo deportivo el austriaco Felix Großchartner se impuso con un certero ataque en la base de la rampa que conduce hasta el castillo que domina las vistas de la capital y el viento, aliñado con las ganas perennes de Remco Evenepoel, dio qué hablar, alrededor de la carrera se jugaba buena parte del crédito y suerte de la misma. 

“Dormimos en Burgos todos los días -nos cuenta Gino Dona, brand manager de Gobik desde la misma línea de meta-. En este sentido se trata de una vuelta muy cómoda, todas las llegadas están relativamente cerca de la capital. Hay que pensar que sin ser una ciudad no muy grande tiene capacidad de albergar 22 equipos en hoteles muy similares”.

Protocolos a prueba

En la entrada del control de firmas, en la plaza cerrada de la catedral, se tomaba la temperatura a cada ciclista antes de acceder al recinto reservado antes de la salida. Todos accedían con una mascarilla.

“Muchas ganas de competir -añade Gino- y encontrarnos todos, tanto tiempo después, los corredores entre corredores, y luego toda la gente que nos movemos alrededor del pelotón. Hemos disfrutado de un ambiente excelente, con distancias de seguridad”.

En este sentido “Ayuntamiento y Diputación se muestran muy implicados en la organización, hay una gran sintonía entre todos, estamos encantados con su trato” afirma Gino que remacha: “En la salida había control de aforo, justo debajo de la catedral, con las distancias necesarias”.

En el podio situado en medio del patio de armas del castillo burgalés estaba todo perfectamente ensayado: “Desde cómo poner el maillot al líder de la mejor manera posible a la entrega de los premios en un atril”. 

Además de las mascarillas que portan los miembros de la organización, cada maillot ha ido con la suya a juego. Tanto en meta como, antes en la salida ha habido mucho control para que la gente no se aglomerara.

“El staff por equipo parece más amplio, hay más coches para individualizar los traslados y los corredores salen lo justo de las habitaciones. Si no me equivoco, los equipos duermen separados por plantas” concluye Giro que aprecia el mimo aplicado para que no haya un positivo.  

Mañana los líderes de la Vuelta a Burgos saldrán hacia Villadiego con sus maillots tras recibirlos en bolsas estancas perfectamente higienizados. Es la nueva normalidad que se instala en el ciclismo de competición. Ahora a disfrutar de lo que nos queda que no es poco y la gente va con ganas.

 

Texts: El cuaderno de JoanSeguidor