Volta Catalunya: 100 historias para enmarcar

Hace más de cien años el ciclismo fue una suerte de extravagancia que cruzó con fortuna los Pirineos y entró en la Península Ibérica por Catalunya. 

La sociedad de inicios del siglo XIX en Catalunya era la consecuencia de una historia que hablaba de inquietud, emprendedores y auténticos visionarios. Gente que podríamos tildar de renacentista, que ponía sello y rúbrica a engendros y cuestiones que muchos años después seguirían a la proa de la sociedad. 

En los años diez del siglo pasado, el ciclismo crecía a buen ritmo en Catalunya, una historia de éxito que ponía el pie en muchos campos y lugares. Cada carrera era una cuestión de vida o muerte para sus contendientes, harapientos ciclistas que dibujaban milagros saliendo a una ruta que en ocasiones era un camino mal marcado en medio de la nada. 

En 1908 surgió la Volta a Tarragona, el prolegómeno y germen de la Volta a Catalunya. 

En esa época de prohombres, hubo uno que destacó por intentarlo todo, fracasar seguro en mil cosas, pero dejar para los suyos un patrimonio que hoy seguimos disfrutando. Fue el caso de Narciso Masferrer, quien con la ayuda de Miquel Armteman, dio la salida de la primera Volta de la historia.

Todo empezó un día de Reyes… 

El seis de enero de 1911, en la zona alta de Barcelona, un ambiente gélido envolvía la primera caravana de ciclistas de la Volta a Catalunya. Ahí, con el campanario de Major de Sarrià detrás, testigo mudo, pero presente en las fotos, una multitud de curiosos se acercó al lugar para ver esos 34 corredores que tomarían parte de la primera etapa de la primera Volta. 

Un frío impertinente, hielo, rutas inexistentes esperaban al pelotón, pero también calor y fervor populares, baños de masas por donde pasaban y expresiones de alegría desbordaba en cada final. 

Sebastià Masdeu ganaría esa carrera, la primera de las noventa y nueve disputadas, Josep Magdalena, ganador de la segunda edición, y Vicente Blanco, el mítico “el Cojo”, estarían con Masdeu en ese podio. 

El héroe llamado Mariano Cañardo

En 1923 la Secció de Ciclisme de la Unió Esportiva de Sants se hizo cargo de una organización que había vivido su primera interrupción por la Primera Guerra Mundial. Ya no habría de dejar nunca más el montaje de una de las grandes carreras de siempre. 

De ese paréntesis emergía una carrera de caché, muy cotizada por las estrellas nacionales, pero también con halos de modernidad venidos, entre otros sitios, de Francia, auténtica cuna del ciclismo a nivel continental. 

De lo bien que lo hacían los franceses, de una admiración abigarrada en un conocimiento directo de su “savoir faire”, surgiría Mariano Cañardo, el primer gran nombre de la historia de la Volta. 

Nacido en Olite, pero instalado en Barcelona desde la primera juventud por necesidades de la vida, Mariano Cañardo se hizo con siete Voltas a Catalunya, una cifra que le aupó entonces y le mantiene, hoy, en lo más alto de la carrera catalana. 

Mariano Cañardo hizo de la Volta su coto privado, allí donde cimentó una leyenda que no sólo se plasmaba en los diarios y estadísticas, también se asentaba en un cariño que trascendía lo racional, todo lo que le concerniera asaltaba los cotilleos de la vida pública como cualquier otra gran estrella deportiva del momento. 

La Volta de los cincuenta en adelante  

Mariano Cañardo abrió el ciclo de grandes nombres de la Volta, una galería donde brilla también la aportación de Miquel Poblet, el “noi de Montcada”, un corredor tocado por una magia incorruptible por el paso del tiempo que amasó un botín de 32 etapas ganadas, otra cifra que salta de generación en generación sin que nadie la tosa. 

Poblet en los cincuenta y lo que habría de venir en la siguiente década visten la grandeza central de la Volta. Ahí quedaron ediciones memorables en manos de grandes de siempre como Eddy Merckx, Felice Gimondi y Luis Ocaña, presentes en un palmarés que ya había incluido a Jacques Anquetil años antes y que podría a Freddy Maertens y Francesco Moser, en el umbral de los ochenta.

 Los tiempos modernos vieron dos victorias de Marino Lejarreta muy separadas en el tiempo, nueve años entre una y otra, y las tres de Miguel Indurain, un peldaño en el que se codea con Alejandro Valverde, el gran dominador de la Volta en ediciones recientes, con tres triunfos. 

La Volta a Catalunya 2020 será la número cien de la historia de un evento que arrastró masas y llenó portadas como sólo los grandes acontecimientos lograron, una carrera que hizo territorio, que puso sitios en el mapa y colmó de felicidad de miles de aficionados.

 La Volta es hoy patrimonio inmaterial de Catalunya.

Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor

FotosLa Volta