Milán-San Remo, por Alexander Kristoff

El primero de los cinco monumentos del ciclismo se corre cada año entre la capital de Lombardía, Milán, y la costa de Liguria, San Remo, no muy lejos de Francia. Es la Milán-San Remo, la carrera cuya gloria te pone un nombre para siempre en la primavera, una palabra que en ciclismo se escribe en mayúsculas.

Dicen que es “la más fácil pero la más difícil”. Lo dicen por que transcurre rápido, sin grandes dificultades orográficas, pero su final es eléctrico y a veces una ruleta en la que los pronósticos acostumbran a fallar.

Su perfil es parte de la historia del ciclismo de siempre, desde el Castillo Sforcesco de Milán surge un pelotón con los mejores del mundo atraviesa las llanuras lombardas para, por el Turchino, que este año no se podría transitar por obras, bajar a la costa. Una vez ahí, el serpenteo con el mar de fondo será la constante, con varias incursiones tierra adentro, será para la Cipresa y los conocidos tres capos, el Mele, Cervo y Berta, antes de la selección final, una tachuela a nuestros ojos, pero brutal tras casi trescientos kilómetros en las piernas, llamada Poggio, de cuya cima a meta no queda más que un suspiro.

Alexander Kristoff y la Milán San remo

“Es cierto que no es una carrera muy dura, pero para ganar o estar delante debes encontrarte muy bien -comenta el ganador de 2014, el ciclista del UAE Team Emirates, Alexander Kristoff-. Necesitas estar fuerte para las subidas finales y no perder tu plaza en el Poggio y poder tomar riesgos en el descenso”

Kristoff, entre los elegidos

San Remo es una pieza codiciada por los más grandes de siempre. Eddy Merckx la conquisto siete veces, una más que Constance Girargdengo, posiblemente la primera gran leyenda del ciclismo italiano, hay que irse a los años veinte para encontrarle, y tres más que Gino Bartali, el piadoso toscano, y Erik Zabel, el alemán infalible que perdió una edición, la de 2004, por celebrar el triunfo antes de tiempo. En ese golpe final de riñón, el cántabro Oscar Freire ganaría la primera de las tres San Remo que lucen en su palmarés.

“Debuté en San Remo en 2012, y ya al año siguiente me tocó vivir aquella edición recortada a causa de la nieve y el frío. Tuvimos que parar en el primer tramo por una gran nevada, montar en los buses, abrigarnos y proseguir ya en la costa. Fue un día terrible, de frío y lluvia al final. Pude ser octavo, aquel día, un logro importante con ese tiempo extremo” rememora Kristoff.

Milán San Remo y el UAE Team Emirates

Al año siguiente llegaría su triunfo en la mítica Via Roma. Una edición de aquellas en las que el hombre rápido debía pasar el trago de las subidas finales, escondido, pero no lejos de cabeza, para acabar sacando la rueda en la recta final, una labor que no resulta nada sencilla.

“Ese fue uno de mis mejores triunfos, sin duda, y hoy lo sigo recordando con mucho cariño -nos dice el noruego del UAE Team Emirates-. Como velocista es una de las grandes clásicas a las que puedo optar y seguir en la terna de aspirantes es muy bonito”.

Para Kristoff aquella victoria en San Remo “abrió el mejor ciclo de mi vida deportiva, ganado con los meses en el Tour de Francia y otras carreras. Aunque entonces ya había logrado algunas cosas, aquella victoria fue muy especial”.

En 2021 espera “una carrera muy dura, como siempre será una pugna entre quienes quieren llegar escapados, buscando la suerte desde la Cipresa, y los que preferimos la llegada al sprint. Nosotros tenemos claro que tenemos que mostrar las cartas en ambos escenarios”.

Gobik y la Milán San remo

El nórdico más relevante del UAE Team Emirates es uno de los ciclistas del pelotón con más peso específico de la actualidad, pues a esa San Remo cabe unirle un Tour de Flandes, ganado al año siguiente, una Gante-Wevelgem, que logró con los colores del UAE Team Emirates hace dos campaña, etapas en el Tour de Francia… entre otros hasta llegar a los 79 triunfos, dándose la circunstancia que el Tour que ganara Tadej Pogacar empezó con Kristoff ganando en Niza. 

Un Tour que el UAE Team Emirates empezó y acabó de amarillo.

 

Por El Cuaderno de JoanSeguidor

Fotos BettiniPhoto / Fizza Photo