Tadej Pogačar, el niño con la lección aprendida

Cuando Tadej Pogačar vino a este mundo, el ciclismo estaba en una catarsis cuyos efectos aún se perciben. Hablamos del 98, pero del 98 del siglo pasado, un año que removió los cimientos de este deporte y abrió un nuevo ciclo, muy diferente al anterior. Más de veinte años después, Tadej Pogačar es garante de un nuevo ciclo.

Una época en la que el ciclismo viene de inicio, como un don caído del cielo, una forma de hacer que acompaña al bebé en sus primeros pasos y se prolonga hasta ganar un Tour. Tadej Pogačar fue, hace menos de un año, el ganador más joven del Tour desde que nos alcanza la memoria y relatan los escritos. Un privilegio que no va de generación en generación, pues hunde raíces en las primeras ediciones, en la prehistoria del Tour, y con ella, la del ciclismo. En esos registros se bate Tadej Pogačar.

Pero él, con ese aire despreocupado de adolescente, va haciendo y engorda un palmarés corto, por el poco tiempo que lleva en la puja, pero valioso, por la calidad que etiqueta sus éxitos.

Presentación de Pogacar

Un Tour que vale por todo

En el Tour que se celebró en las puertas del otoño, que finalizó bien entrado el mes de septiembre, el ciclista del UAE Team Emirates firmó en el libro de la historia de su puño y letra para poner el nombre y apellido de un “chaval normal”, como lo define su director Matxin, en el palmarés de la mejor carrera de la tierra.

Tres semanas en las que se convive con todos los estadios del ciclismo y la vida, malos instantes fruto de un corte, de una lotería en forma de caída que le dejó retrasado en las puertas de los Pirineos. Lejos de desistir se agarró a la posibilidad, remontó en Peyresourde y caminó agazapado en el grupo, al calor del ritmo de los rivales, sabedor que la oportunidad llegaría.

Y llegó… en la Planche des Belles Filles.

Tadje Pogacar vestido de amarillo

Hasta ahí llegaba un chaval fino, pero no especialmente delgado como muchos otros, que guarda las hechuras de buen ciclista y alimenta el espíritu con pasión y entrega, pero también desconectando cuando conviene, sabiendo disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

Una vida para el ciclismo, pero no toda, lo suficiente para desplegar un potencial que se ha revelado ganador, pero omitiendo el colapso mental que implica entregarse al 110%, pues en el fondo no dejan de ser niños.

Niños adelantados y avezados, con un punto equidistante de ambición y olfato competitivo, que aún siendo aventajados, no desdeñan una lección en vivo de táctica y orden, llevando hasta el extremo todo el trabajo de un equipo, el UAE Team Emirates, que lo dispuso todo para que esa tarde de los Vosgos asaltara el trono del Tour.

Porque el Tour es la pieza más obvia, pero Pogačar, buen futbolista en años mozos, ya venía con carrerilla. Sólo dos años como profesional, remando en el World Tour y un generoso palmarés que hablaba de su talento desde el minuto cero de pisar el máximo circuito.

Profesional con el Tour del Porvenir bajo el brazo, ya dio muestras de la madera que había ahí dentro cuando debutó y conquistó el Algarve entre pros de largo recorrido, exhibiendo un control y conocimiento que cualquiera, a simple vista, adjudicaría a un veterano. Pero no, ese niño con tez mofletuda e inteligencia supina no estaba sólo para aprender, que también, estaba para ganar a las primeras, cosa que hizo y repitió.

La Vuelta a España de 2019 siempre estará en el palmarés de Primoz Roglic, pero para los románticos quedará como la de la explosión de Tadej Pogačar, quien despachó un podio más tres etapas, cada una diferente y abanico de registros, destacando la última, en Gredos, con una escapada de cuarenta kilómetros con los peces gordos tirando a por él.

Ese día quedó claro que el talento cincelado en el equipo de Liubliana no sólo prometía mucho, también ejecutaba lo que dejaba entrever. Y eso que, como nos dijo Matxin, lo mejor es que “tiene mucho margen aún”.

Pogacar y el nuevo equipo UAE Team Emirates

 

Por El Cuaderno de Joan Seguidor

Fotos: Lorenzo Fizza